¿Seguro que el problema es la concertada?

Fernández Enguita (1999) en un artículo bastante interesante se hace esta pregunta: “¿Es pública la escuela pública? Para responder a esta pregunta habría que definir qué es exactamente la escuela pública. Si el criterio es la titularidad, realmente estamos hablando de escuela nacional o estatal (lo que nos recuerda a otros tiempos) De esta manera, por su titularidad, en nuestro país hay dos tipos de escuelas, las que tienen titularidad pública, y las que tienen titularidad privada. Pero como dice Enguita en el mencionado artículo; ¿basta la titularidad estatal para garantizar que la llamada escuela pública sea inequívocamente pública? Obviamente no. 

Posiblemente estemos de acuerdo en que el criterio más apropiado no es tanto la titularidad como el servicio prestado. En este sentido lo público o social tendría una vocación, unos objetivos comprometidos con su entorno, con el alumnado, con las familias, con la sociedad en global. Por ende, habría una educación privada que se centraría en el cuidado de un grupo selecto que pueden pagar esos servicios. Desde este punto de vista tampoco veo muy clara la línea divisoria. En primer lugar, la fuerte sindicalización y politización que la educación sufre en nuestro país hace que para muchos profesores tanto de la pública como de la concertada, “sus derechos” estén por encima de los de los alumnos, entorno, familia… El corporativismo, el individualismo son virus inoculados en el sistema educativo de nuestro país. En este sentido hay escuela pública auténticamente social y comprometida como también hay una amplia escuela concertada en el mismo sentido. Puedo hablar del Colegio Diocesano de Albacete que trabaja con los más desfavorecidos del barrio de La Milagrosa. Podemos mirar al Colegio Salesiano de La Cuesta en Tenerife, Los Maristas en el Barrio de Bonanza de Sanlúcar… solo por poner algunos ejemplos. Por lo tanto el servicio que se presta tampoco diferencia demasiado una red u otra. 

Otro criterio que se esgrime para diferenciar es el adoctrinamiento. La Escuela concertada tiene un carácter propio, en muchos casos religioso. Educan desde una visión de la vida muy concreta. Desde esta perspectiva la escuela pública sería laica. En mi opinión el laicismo es una nueva religión con sus dogmas, moral, creencias, preceptos y rituales. Incluso me atrevo a señalar que es mucho menos tolerante con la diferencia y mucho menos plural que una visión cristiana. Con una visión laicista es mucho más complicado dialogar porque desde la prepotencia de su verdad ven otras visiones como supersticiosa e infantiles, propias de otras épocas. Sin embargo, es cierto que hay profesores y alumnos de diferentes creencias en la escuela pública, ¿y en la concertada?; pues también. Puedo presentar a muchos profesores agnósticos, ateos, creyentes en los dos sistemas. Tengo alumnos y antiguos alumnos creyentes, agnósticos y ateos. A ninguno le oí decir nunca que en la concertada católica se le obligara a confesar una fe que no era la suya.  He conocido a musulmanes que me confiesan que prefieren una escuela cristiana a una escuela pública beligerante con sus creencias. Pero las generalizaciones son siempre injustas y en los dos sistemas, como digo, hay de todo. 

La escuela concertada, en general, es plural, no adoctrina, sino que educa en valores cristianos. La escuela pública educar en valores democráticos. Muchos buenos profesionales de la red pública lo hacen sin sectarismos ni dogmas. Auténtico profesionales que educan para una ciudadanía democrática y libre. Ambas deben cumplir su compromiso de servicio. Ambas deben mejorar. 

El problema de la educación en nuestro país no es la concertada, entrar en ese debate es estéril y no nos conduce a ningún sitio, además deja sin afrontar los verdaderos retos educativos en nuestro país. En primer lugar, la clase política no solo utiliza la educación como herramienta a su servicio, sino que además no se fía de los centros. Sin embargo la solución de los problemas de la educación en nuestro país no está en ninguna ley educativa sino en la la micropolítica en el interior de los propios centros. Para esto hay que confiar en los equipos educativos y dotarles de la suficiente autonomía y recursos.  Desde  La Ley General de Educación de 1970 hasta la primera ley educativa de la democracia pasaron 20 años. A partir de entonces, en cuarenta años ha habido en España nada menos que ocho leyes educativas. Una de ella, por cierto aprobada con gobierno socialista, convirtió las antiguas subvenciones a los colegios privados religiosos en conciertos educativos. Esa Ley  fue la LODE bajo gobierno de Felipe González. 

Hoy más que nunca se hace necesario un pacto educativo. Pero en esto, seamos claros, ningún partido político lo ha hecho, repito, ninguno. Lo intentó Ángel Gabilondo en 2009 y el Partido Popular, solo mirando sus propios intereses y no los de la educación, se negó y se levantó de la mesa de negociaciones. Ha sido el único intento de consenso y de pacto educativo. 

Es importante volver a lo importante, a poner la mirada hacia el mismo sitio. El problema de la Educación Pública en nuestro país no es la Escuela Concertada. Es la falta de recursos, la desconfianza y escasa autonomía… 

Fernández Enguita, Mariano. (1999) ¿Es pública la escuela pública? Cuaderno de pedagogía, 284 76-81.

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