Hacia una gestión eficaz del aula

Cuando estamos con nuestros alumnos en el aula, es bueno preguntarnos qué queremos de ellos; ¿Buenos resultados académicos? ¿Qué adquieran valores? ¿Qué tengan una conducta adecuada? ¿Qué crean en ellos mismos?… Muchos de los que me leéis es posible que digáis que la respuesta a cada una de estas preguntas es que sí, que cuando estamos con nuestros alumnos en el aula deberíamos buscar cada una de estas cosas. Entonces deberíamos responder a la cuestión del cómo. ¿Cómo estamos ayudando a nuestros alumnos para que consigan cada una de estas cosas? Es aquí que o lo tenemos muy claro, o sinceramente, no lo estamos haciendo. No vale decir que de forma general, transversal, espontáneamente… son fórmulas con las que escurrimos el bulto.

Para conseguir todos estos objetivos de nuestros alumnos, necesitamos contar con ellos. No podemos hacerlo solo, los necesitamos a ellos.

La última vez que estuve en Loro Park en Tenerife, me llamó la atención el espectáculo de las orcas. Había leído en el periódico que meses antes, uno de estos animales, había sumergido a uno de sus cuidadores hasta ahogarlo. La historia de esta orca es curiosa. Se trata de un animal llegado de Estados Unidos con una infancia complicada. Las orcas son animales que viven en grupos y según los científicos con una increíble inteligencia emocional. Noticia en el País

El mundo emocional está en la base del comportamiento de muchos animales. El ser humano cuenta sin embargo con una gran ventaja sobre las orcas y otras especies. El ser humano puede llegar a comprender lo que le pasa y buscar soluciones. El psicoterapeuta Claude Steiner, desarrolló una teoría denominada “La economía de las caricias”, donde pone de manifiesto, los efectos que produce en el ser humano, crecer, desarrollarse y vivir, dependiendo de la abundancia o escasez de signos afectivos.

En la primera imagen Juan José Vergara con sus chicos de Ciclo Superior realizando un PBL en el Colegio Manuel Nuñez de Arena. en El Pozo del Tio Raimundo de Madrid.

Además de lo emocional, es importante en el entrenamiento de las orcas de Loro Parque o de cualquier otro sitio, conseguir que estas tengan claro lo que tienen que hacer. No sé si os imagináis a un adiestrador, en una gran piscina, poniendo una cuerda y diciéndole a la orca que salte. Si esta lo hace, realmente sería un milagro. La paciencia es uno de los elementos importantes que un buen adiestrador debe tener. En primer lugar ponen una cuerda en el fondo de la piscina, cada vez que la orca la cruza le dan algo de comida. Poco más tarde, la cuerda es subida un poco. Cuando la orca la pasa por debajo no ocurre nada, pero cuando lo hace por arriba es recompensada con comida. Cada cierto tiempo la cuerda es de nuevo subida y la orca siempre es recompensada cuando la cruza por la parte superior. Un día la cuerda está en la misma superficie del agua. La orca deberá saltar un poco para poder conseguir su comida. A partir de ahora, se trata de conseguir que el salto sea cada vez mayor. El adiestramiento está logrado.

Por supuesto que nuestros alumnos no son orcas. Aunque el conductismo todavía tiene una palabra que decir y las recompensas y castigos en determinadas situaciones pueden ser consideradas; sin embargo, a ningún adiestrador se le ocurre electrificar el agua cuando la orca no pasa por encima de la cuerda. Lo único que conseguiría con esto es generar mucho estrés y que la orca se arrinconara en un borde de la piscina.

La orca y las personas solo tenemos una forma de aprender, haciendo. Esto es tan antiguo como el mundo. Lo natural para aprender es hacer y no escuchar la lección de un profesor durante horas. Es cierto, nuestros alumnos son personas y no orcas. Pero de este espectáculo aprendí mucho.

  1. Nuestros alumnos deben saber lo que tienen que hacer en todo momento.

No des nunca nada por sentado. Un patrón común en la investigación cualitativa que llevo a cabo en este momento es que muchas actividades salen mal porque nuestros alumnos no terminan de comprender lo que se espera de ello. Por eso es importante la concreción de los objetivos personales de aprendizaje.

  1. El alumno concreta sus objetivos en una hoja de papel.
  2. Prevé los medios que necesitará para realizar ese objetivo.
  3. Escribe cada objetivo y el medio para alcanzarlo en una sola hoja de papel sin emplear más de 250 palabras.
  4. Leer y releer cada objetivo, lo que sólo requerirá de un minuto cada vez que lo haga.
  5. Durante el día dedicar alguna vez un minuto para revisar la tarea.
  6. Se cerciora que la realización práctica de la tarea coincide con sus objetivos de aprendizaje.

Estos objetivos de aprendizaje y los medios para conseguirlo debe ser dialogado en algún momento con el profesor o al menos, si son mayores y tienen práctica, entregar al profesor tutor una copia de los mismos.

2. Las caricias de un minuto. 

Nuestros alumnos tienen sus necesidades básicas cubiertas (al menos la mayoría) pero lo que realmente necesitan son caricias positivas. Miradas, gestos, gritos, silencios, caricias, palabras, conforman nuestra vida. Tal vez la sensación de vivir en un vacío emocional, intelectual y sensorial, es terriblemente más insoportable que el dolor. Muchos de nuestros alumnos, cuando necesitan atención, si no consiguen refuerzos positivos, los buscan negativos. “Prefiero que me riñas antes de que me ignores”. ¿Cuánto tiempo gastamos en corregir los errores de nuestros alumnos? ¿Cuanto tiempo gastamos en felicitarlos por sus aciertos?

La propuesta de las caricias de un minuto es que observemos el trabajo de nuestros alumnos para pillarlos haciendo algo bien. Los miremos con miradas positivas. La forma de ayudarles a alcanzar mejores resultados de todo tipo es justamente esta: Poner el acento en lo positivo.

  1. Cuando los alumnos estén trabajando, deja claro siempre que les va a decir sin rodeos tu opinión sobre la marcha de ese trabajo.
  2. Elógialos inmediatamente siempre que se lo merezcan.
  3. Diles con toda concreción lo que han hecho bien.
  4. Comunícales tu satisfacción para la excelente labor que han hecho y explícales como esta forma de hacer las cosas nos beneficia a todos y no sólo a ellos mismos.
  5. Detente y guarda un momento de silencio para que noten lo satisfecho que estás.
  6. Anímales a seguir procediendo del mismo modo.
  7. Mantén un pequeño contacto físico (Dales la mano o darle algunas palmaditas en la espalda) Con esto le dejarás claro que celebras el éxito que han obtenido.

3. Reprimendas razonables

Una reprimenda da un buen resultado cuando…

  1. Les hace saber a tus alumnos que en cualquier momento les va a decir si lo están haciendo bien o mal.
  2. Reprende rápidamente. No acumules en tu mente infracciones. En este caso, cuando des la reprimenda lo harás como sucesión de reproches. En el momento que observe algo sancionable, dilo.
  3. Nunca lo hagas en público. Saca al alumno al pasillo o algún lugar privado, si existe en la clase.
  4. Comunícale lo que piensas en términos inequívocos sobre lo que ha hecho mal.
  5. Detente y guarda unos segundos de incómodo silencio para que note lo insatisfecho que estás.
  6. Mantén un contacto físico (darle la mano o unas palmadas en la espalda) para que se den cuenta que te encuentras al lado de ellos.
  7. Recuérdale la gran estima que les tiene.
  8. Reafirma que les tiene en buen concepto pero que en este caso no puede elogiar su trabajo. (o comportamiento…)
  9. Dale a entender que cuando la reprimenda se acabó, se acabó.

Estas reprimendas, que no deben durar más de un minuto, tendrán éxito cuando no hieran la sensibilidad de la persona reprendida. Sé siempre muy duro con el mal comportamiento o con un trabajo penoso, pero nunca seas duro con una persona. Eres el responsable de su educación.

Los mensajes en primera persona

En su libro sobre mediación de conflicto, Juan Carlos Torrego nos habla de la importancia de los mensajes en primera persona. Estos mensajes reducen las posibilidades de malos entendidos, disminuye la temperatura emocional del conflicto y junto con la escucha activa, es el mejor antídoto contra la escalada de conflictos. Esta habilidad se utiliza cuando alguien quiere comunicar algo que le molesta  o  que le causan cualquier tipo de problemas.  “Antonio me ha insultado” “Antonio es un imbécil porque me ha insultado” Ante un mensaje en segunda persona, tenemos servido el conflicto, cuya escala no podemos más que esperar que vaya en aumento. “María, no has terminado los ejercicios” “Eres una vaga e irresponsable porque no has realizado tus ejercicios”.

Se trata de situar las cosas en su sitio. No hablar de cómo son los demás, sino de cómo nos afecta lo que hacen. Un mensaje en primera persona tiene información sobre:

  1. Qué situación  me afecta.
  2. Qué sentimientos produce esa situación.
  3. Por qué me afecta de esa manera si es que lo sé.
  4. Qué necesito.

“Cuando miro tu cuaderno y veo que los ejercicios no están hechos me siento mal, porque para mí, que comprendas y seas competente en eso es muy importante, es la razón por la que estoy aquí. Necesito que hagas tus ejercicios para poder conseguirlo.

Situación: Cuando miro tu cuaderno y veo que los ejercicios nos están…

Sentimientos: me siento muy mal.

Razón: porque para mí que comprendas y seas competente en eso es muy importante, es la razón por la que estoy aquí.

Necesidad: Necesito que hagas tus ejercicios para poder conseguirlo.

Aunque no es infalible, la mayoría de las personas pueden cambiar su actitud  cuando se enteran de cómo lo vives tú. La mayoría están dispuesto a cambiar algo que no le cueste excesivamente si puede dejar de causarte un problema.

En resumen

  1. Gestiona tu tiempo con tus alumnos.
  2. Que ellos sean el centro del proceso de enseñanza aprendizaje. Utiliza estructuras cooperativas en el aula, trabaja por proyectos…
  3. Trabaja la autonomía haciendo que tus alumnos sepan lo que tienen que hacer en cada momento. Elabora con ellos concreción de objetivos en una sola hoja de no más de 250 palabras.
  4. Dedica tu tiempo a observar y esfuérzate en pillarlos haciendo algo bien. Dedica un minuto a elogiarlos. Economía de caricias positivas.
  5. Cuando sea necesario repréndelos. Nunca hiera a tus alumnos y recuérdales siempre la estima que les tiene y tu confianza en lo bien que pueden hacerlo.
  6. Usa mensaje en primera persona y enseña a tus alumnos a hacerlo.

 

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